11 de junio de 2009

दे पेर्दिडोस अल RÍओ...

Bueno, cualquiera diría que fue ayer cuando abrí este blog, ¡ y ya hace año y medio que ni lo abría!

¿Han cambiado las cosas en este año y medio? A nivel personal, bastante (para que voy a mentir). Y la sociedad... demasiado, a un ritmo casi trepidante.

Desde las decisiones del gobierno, como la actitud de la Iglesia en diferentes aspectos, deben fomentar en los cristianos y una vida espiritual activa, recordando los pasos dados por los primeros creyentes en el Nuevo Testamento.

¿En qué consiste una vida espiritual activa? No se reduce a la misa del domingo y las tres avemarías nocturnas. No, es más. Es ser apostol en el trabajo, en la calle, con los amigos, convertir el centro de tu vida en Cristo.

De ahora en adelante me propongo tener esto más activo, y por supuesto, dar a conocer este blog a más gente.

Hasta otra!

30 de diciembre de 2007

Sea of Faces

Son muchos los medios posibles para hacer oración, conversar con el Señor. Una de las formas con la que yo obtengo un diálogo fortificante es mediante la música. Ya sea simplemente sinfonías que transmiten emociones, que se traducen en propósitos, ya sea con canciones que cuentan con letras de un rico contenido espiritual. Es el caso de una de las Kutless, Sea of Faces:

I see the city lights all around me
Everyone's obscure
Ten million people each with their problems
Why should anyone care

And in Your eyes I can see
I am not just a man, vastly lost in this world
Lost in a Sea of Faces
Your body's the bread, Your blood is the wine
Because you traded Your life for mine

Sometimes my life it feels so trivial
Immersed in the greatness of space
Yet somehow you still find the time for me
It's then You show me Your love

And In Your eyes I can see
And in Your arms I will be
I am not just a man, vastly lost in this world
Lost in a Sea of Faces
Your body's the bread, Your blood is the wine
Because you traded Your life for mine

If only my one heart
Was all you'd gain from all it cost
Well I know you would have still been a man
With a reason
To willingly offer your life

I am not just a man, vastly lost in this world
Lost in a Sea of Faces
Your body's the bread, Your blood is the wine
Because you traded Your life for mine

Just one in a million faces

19 de diciembre de 2007

El orden del desorden

Me decía un viejo amigo que su gran problema era poder conciliar su vida personal con la social, y ésta con la profesional, porque cada una de éstas suponía una serie de responsabilidades que podían discrepar con las otras. "Y no hablemos ya de estar pendiente de mi familia, teniendo las 24 horas del día ocupadas", añadía.

Ahí está precisamente la gracia: el reconocer en los diferentes aspectos de la vida una unidad, un solo objetivo. Un "por qué" hago esto y lo otro. Si no, el oleaje de posibles contradicciones que pueden afectar a nuestra propia vida (que en el trabajo no acepten mi condición de cristiano, o que mi pareja no se lleve bien con mis amigos, etc...) acaban hundiéndonos en la desesperación, que a su vez, nos invita a buscar satisfacciones que engañosamente cicatricen nuestra pesadumbre.

Dejar todo en manos del Espíritu Santo nos aliviará, y nos conducirá a ordenar todo hacia los pasos del Hijo de Dios, para que nuestra via sea recta. Y no de forma estrecha, sino lo suficientemente amplia como para que llevemos con nosotros muchas otras almas. Eso significa unificar todas nuestras intenciones hacia una: llegar hacia Dios. Y esto no es que sea fácil, pero de seguro que no es tan difícil como intentar compaginar la sequía con las inundaciones.

Cuando algo nos interrumpa nuestros deberes ordinarios, saber si ese "algo" realmente vale la pena, o si nos va a llevar hacia un paso más adelante o hacia atrás nos ayudará a tomar ciertas decisiones. Es por eso muy importante tener meticulosamente definida -desde el momento en que despertamos- nuestra escala de valores: lo que realmente queremos.

Por eso, no dejemos de buscar a Cristo en cada momento del día, para así dejar en sus manos nuestro caminar por el mundo.

18 de diciembre de 2007

El cristiano, una vida vocacional

A lo largo de la vida, cualquier persona se enfrenta a innumerables momentos en los que se plantea el quién es y qué hace aquí. Este estado es una respuesta natural a nuestra humanidad, a nuestra dotación de conciencia. Por eso, la actitud de un cristiano ha de ser firme, y no aventurar ninguna respuesta del tipo "algo ahí" o "creo pero no creo en ninguna doctrina en concreto". Ésa es la actitud habitual de cualquier persona de a pié, pero no de una persona de fe cristiana.

¿Por qué? Porque es muy importante reconocer, en primer lugar, nuestra actitud de cristiano como una respuesta a la llamada del Señor. Sí, es bien cierto reconocer que cualquier persona, de una forma u otra, también recibe esa llamada. Pero a los que, por motivos familiares, por amigos o por inquietud, hemos encontrado en nuestra fe el vehículo seguro, debemos dejar constancia, siempre con esa paz de que Él está con nosotros, y nos hace una vida más fácil y segura: "Mi yugo es suave y mi carga ligera".

Es por eso que cualquier cristianos debe parase a pensar que esa fe, esa actitud, venida de Dios, es un regalo del Señor, al que le hemos dicho un sí sincero y sin miramientos. Un Sí a la voluntad divina.

Este Sí exige -como cualquier persona que escoge determinada vida profesional- formarse rectamente en lo que engloba sus objetivos. En nuestro caso, alcanzar la vida eterna, está a las manos de cualquier persona, sin condiciones. Y el "cómo" está en el testimonio escrito de Nuestro Padre Dios. Por eso, cuando un amigo me dice "Sí, yo creo en Cristo y todo eso, pero no en lo que dice la Iglesia", se me viene a la cabeza el calificativo de "¡necio!", porque si tanto crees en su figura, ¿por qué no creer en su testimonio?. La Iglesia no está hecha de un puñado de normas establecidas de forma arbitraria, sino que es el fruto de la Obra de Dios. Sus parábolas, sus milagros, no son unos cuentos chinos, y cualquier parte de su doctrina es inteligible y explicable a nuestra mente: cada uno de los mandamientos es la mano del Señor empujándonos a subir alto -muy alto- con Él.

Por eso, no dejemos de prepararnos estas fiestas con la ilusión de, esperando su venida, crecer "un poco más". Alto, muy alto, para así poder estar junto a ti, mi Señor.

13 de diciembre de 2007

La Encarnación del Hijo de Dios

Tan cerca y próximos como estamos de la Navidad, qué menos que prestar atención -un mínimo- a este precioso misterio. Contemplarlo es reconocer la belleza del momento. Imaginar a María, probablemente sumergida en sus labores, llena de felicidad y esperanza. La presentación del Arcángel San Gabriel ante ella. Sus palabras: "No temas". ¡Cuántas veces cuando sentimos la mínima presencia de Dios nos atemorizamos! Sabemos que seguir a Dios es un camino lleno de sacrificios y exigencias no al gusto del consumidor.

No son pocas las veces que Dios nos pide -y no me refiero en la vida, sino en lo largo del día- nuestra disposición para decirle un pequeño o grande sí. Un Sí en este propósito, un sí en este proyecto, un sí en esta promesa, un sí en esta decisión... Total entrega de nuestra voluntad a la divina.

Pero también puede pedirnos un No. Un No a un proyecto profesional que nos robe tiempo que tenemos reservado para Él, un No a esa invitación que puede destrozar nuestra vida familiar o espiritual, o esa actividad que nos va a privar de nuestros deberes. Es un error pensar que el continuo "Sí" es lo correcto. El "Sí" a Dios puede adoptar la forma de un "NO" ante los hombres.

Siguiendo con la Anunciación, no puedo dejar de olvidar las palabras de María: "Fecit mihi secundum verbum tuum". Eso es una entrega total, sin medida, de la que debemos aprender continuamente, recordando aquel viejo refrán: "al mal tiempo, buena cara". Saber aceptar las contrariedades y dificultades que entorpecen nuestro camino.

Así, termino pidiéndole a María que me acompañe en continuamente, que no deje de recordarme la presencia de su Hijo, que está tan cerca de nacer.

10 de diciembre de 2007

La Iglesia en el espacio público

De la película "La brújula dorada" precisamente, ayer tuve la suerte de leer una entrevista a Nicole Kidman en cuya titular desmentía que la cinta fuese anticatólica. Ante esto vale la pena plantearse si toda esa discusión religiosa que circula por Internet es verídica, o es una simple estrategia para poner más morbo a la relación Iglesia-cine.

Tuve la suerte de presenciar hace unas semanas una conferencia titulada "La Iglesia en el espacio público" dirigida por el decano de la facultad de Ciencias de la Información de la San Pablo CEU. Y es sin duda algo presente que la Iglesia, con el resurgimiento de los medios, se enfrenta muchas veces con nuevo Judas, que bien te da la mano, bien te crucifica (con mis respetos a Judas Iscariote).

Comentaba en una ponencia sobre política en los medios un investigador que, sin lugar a dudas, España es una sociedad totalmente mediatizada. Es decir, lo que dicen los medios "va a misa", por encima de cualquier credo, dogma u opinión política. Lo ejemplificó con el caso del 11-M, que tanto incidió en que entrara en el gobierno el PSOE. Muy diferente a Inglaterra, cuyo atentado no hizo que el partido de Tony Blair dejase de estar por encima.

Esto -desde mi punto de vista- deja claro que los españoles somos especialmente susceptibles, y nos dejamos "comer el tarro" por la opinión de una baraja de eruditos. Y si ese círculo de dogmáticos precisamente guardan como objetivo derrocar a una institución de 2000 años de antigüedad -lo que les convertiría en dioses... hum... esto me recuerda a Nietzsche- que menos que inventar falsos testimonios o meter el dedo en la llaga de errores ya pasados de la Iglesia. Que si la inquisición, que si la Iglesia durante el franquismo (eso, eso, y que la memoria histórica tenga tan mala memoria que no recuerde cuántos cristianos -religiosos y laicos- perdieron la vida como mártires durante aquellos años), que si hay que ver que ni permitimos el aborto, la eutanasia, los matrimonios homosexuales...

Lo más gracioso de esto es que, precisamente, la información sobre la Iglesia que tiene -desafortunadamente- la mayoría es como un título y una serie de normas en letra tan grande, que no se paran a leer la letra pequeña: la explicación de que es el pecado, y el por qué nos hacemos daño cometiéndolos, las buenísimas obras sociales de la Iglesia, la gracia santificante de los Sacramentos, la peza de la confesión y la gloria de la Eucaristía, etc... ¿Para qué, verdad?

Es por eso que está en nuestras manos, la de los católicos, dejar claro quienes somos y por qué somos, dando testimonio de la esperanza. Termino con unas palabras de Benedicto extraídas de su última encíclica: "Lo que Jesús había traído, habiendo muerto Él mismo en la cruz, era algo totalmente diverso: el encuentro con el Señor de todos los señores, el encuentro con el Dios vivo y, así, el encuentro con una esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud, y que por ello transforma desde dentro la vida y el mundo".

9 de diciembre de 2007

Lo de "La Brújula Dorada"

Bromas a parte de aquel viejo chiste de la brújula con la escóbula, desde hace un par de semanas ronda por los medios la noticias sobre la filmación de una cinta que califican de "atea" y destructora de la fe católica. Su proyección en la infancia, indican un sin fin de teóricos, puede provocar que en una edad ya más avanzada renuncien a cualquier tipo de fe.

La verdad, no he visto esa película, y sólo recibo mails que tergiversan su argumento, puntualizando un punto de vista personal. Sólo sé a ciencia cierta qee sí, que el autor de las novelas en las que se basará esa trilogía es ateo.

Y la cosa es que la divulgación de esos mails sólo está provocando la popularización de la película, y que un sector no menos que agnóstico la promocione con el fin de demostrar que su ciencia es la cierta.

Si alguno tuviese un testimonio al respecto, sería genial y podría sacar de dudas a más de un padre que no está seguro si debe llevar a sus pequeños a ver "La brújula dorada".